¡Educación emocional a la Carta Magna ya!

Las últimas elecciones dejaron en claro que Chile necesita un cambio
profundo. Una petición popular que se extiende a diferentes áreas
como: la salud, las pensiones, seguridad, transparencia y por supuesto
educación.

Esta última, lleva más de diez años en la palestra y aún tenemos
como país una gran deuda a la hora de hablar de calidad. La nueva
Constitución nos presenta una oportunidad única para hacer un cambio
concreto en cómo nos planteamos la educación pensando en el desarrollo
humano y las necesidades de las personas, y no en el mercado.

Por años, vimos como Chile crecía y los indicadores económicos nos
posicionaban en Latinoamérica como el gran “jaguar”, pero llegó
octubre del 2019 y todo se derrumbó. El PIB, y tantos otros indicadores
no eran suficientes. Teníamos chilenos infelices, una desigualdad
tremenda y una sociedad cansada hasta el punto de llegar a la violencia
en búsqueda de soluciones.

Y la solución aún no llega, porque hasta ahora todavía no hemos sido
capaces de trabajar las emociones como la rabia y la angustia que
inundan a los chilenos, porque tampoco hemos implementado las
herramientas para hacerlo. Hace algunas semanas, descubrimos que Chile
era uno de los países con mayores cifras de depresión, el suicidio por
su lado es una de las principales causas de muerte de nuestros jóvenes
y abuelos, y la salud mental se ha posicionado como la próxima
pandemia.

¿Y cómo enfrentar esta pandemia sin Educación Emocional? ¿Cómo
enseñarle a nuestros estudiantes a regular sus emociones, si aún no
saben cuáles son? o ¿por qué las sienten? ¿Cómo pedirle a nuestros
profesores y apoderados que contengan a nuestros hijos si ellos tampoco
son capaces de contenerse? ¿Cómo pedirle a nuestros estudiantes que no
actúen con violencia, si nos les hemos entregado las herramientas para
enfrentar y regular la rabia o el enojo?

Desde EducaSwitch, basándonos en diversas investigaciones, siempre
hemos promovido la educación emocional como un músculo que se debe
ejercitar y fortalecer desde el nacimiento, luego en la etapa escolar, y
por el resto de nuestras vidas. Esto con el fin de aprender a generar
vínculos saludables, siendo empático y resolviendo de manera pacífica
los conflictos, como también, desarrollar un profundo autoconocimiento
y aprender a identificar y gestionar las emociones.

Cuando nos sentemos a hablar sobre educación no podemos olvidar esto.
No podemos nuevamente sentarnos a conversar sobre los resultados
académicos como el SIMCE o la PSU, tampoco podemos solo centrarnos en
los ránkings internacionales, o las pruebas de nivelación. Hoy el
desafío es cómo planteamos un nuevo sistema educativo para las
personas en Chile, que se haga cargo de una educación íntegra,
enfocada en un mejor desarrollo de las habilidades emocionales y
sociales para el éxito, medido en el bienestar personal, familiar,
laboral y del país.

La evidencia está de nuestro lado. Cada vez son más países de la
OCDE, como Inglaterra o España, que han invertido en programas de
educación emocional entre sus integrantes. Además, hay lecciones que
vienen de naciones más pequeñas como Bután con su Ministerio de la
Felicidad y que demostró a todo el mundo que este cambio a nivel
constitucional se puede hacer y es más que necesario.

No podemos olvidar que estamos formando personas, que viven y sienten
cientos de emociones todos los días, y que al gestionarlas
adecuadamente, tomaremos mejores decisiones. ¡Humanicemos la
educación! Es ahora cuando podemos crear una sociedad mejor. La
pandemia nos demostró lo importante que es nuestro bienestar emocional,
aprendamos de esta experiencia y mejoremos en conjunto con las
instituciones de salud, educación, deporte y quizás soñemos con
nuestro propio Ministerio de la Felicidad.

La nueva constitución nos plantea una oportunidad única en la historia
de nuestro país para crear una sociedad mejor, una sociedad más justa
e igualitaria, como también un nuevo país más empático, preocupado
de sus emociones y que no solo tenga buenos resultados académicos, sino
que tenga educadores y estudiantes felices.

Columna por EducaSwitch

Blog, Columnas

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